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Inclusión financiera en tiempos de pandemia.

  • Foto del escritor: Camila Da Silva Tabares
    Camila Da Silva Tabares
  • 8 abr 2020
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 13 abr 2020

Mi papá siempre me dijo que las crisis son oportunidades. Por eso, la pandemia ha sido una oportunidad única para implementar tecnologías que repercutan positivamente en nuestras vidas e integración económica y social. ¿Quién no tiene un celular y/o computadora? Si existe "Ahora 12", o incluso con el plan Progresar el Estado te regala una compu.


En fin, en Argentina gran parte de la población tiene acceso a medios tecnológicos, pero carece del conocimiento para utilizarlos a su favor, lo cual junto con la falta de políticas públicas por parte del Estado han contribuido a una baja inclusión financiera, sobre todo de los sectores más vulnerables y excluidos de la población como los jubilados y las mujeres de bajos recursos .


La inclusión financiera, ¿qué es?


La inclusión financiera refiere al uso y acceso que se tiene a los productos del sistema financiero formal como por ejemplo las cuentas de ahorro, los préstamos, las tarjetas de crédito y débito, etc. La correcta inclusión tiene efectos positivos en el desarrollo económico del país al facilitar el crédito a las personas y empresas, el ahorro en plataformas seguras que disminuyen los riegos, el incremento de la economía formal y la captación de fondos para un sistema financiero estable.


Uno de los pilares de la inclusión financiera en Argentina y el mundo es intensificar los medios de pago electrónicos que rompen barreras geográficas y dan agilidad a las transacciones, en relación al uso de efectivo, pero en tiempos de pandemia suponen beneficios adicionales al evitar el contacto físico y la aglomeración de gente en cajeros u otros sitios.


Bancos vs Fintech


En Argentina hace tiempo vienen proliferando las Fintech - empresas tecnológicas que brindan servicios financieros como Ualá, BruBank, etc- en gran parte gracias al vacío legal que dejó el macrismo (y que fue "llenado" con regulaciones del BCRA por el gobierno actual). Estas empresas han receptado a los usuarios que no abarca la banca normal, flexibilizando los requisitos para acceder a sus servicios, innovando con nuevos productos financieros y agilizando los pagos. En una pelea similar a la de UBER con los taxis, los bancos acusan a las Fintech de competencia desleal por elusión fiscal y violación de convenios de trabajo, a lo que estas responden que realizan una labor clave para el desarrollo económico del país que a su vez aumentan la economía formal a través de la inclusión financiera de sectores que la banca tradicional rechaza, además de incentivar a los bancos tradicionales a renovarse y competir por la captación de nuevos clientes.

Por dar un ejemplo, Ualá es una fintech muy conocida por brindar servicios financieros, pero técnicamente no es ni un banco intermediario ni una entidad financiera, por lo cuál no queda alcanzada por los impuestos y regulaciones que gravan a los bancos tradicionales.


Sin embargo, en Argentina el desarrollo de las Fintech se ve obstaculizado por la falta de infraestructura financiera, la alta presión impositiva que dificulta las inversiones y la cultura de la una sociedad reticente a despedirse del efectivo. Además, en 2020 el BCRA prohíbe a las fintech el cobro por débito automático de las cuotas de un crédito, dando así un duro golpe y desincentivo a estas empresas que poseen el débito automático como la principal manera de cobro y la menos riesgosa.


Zanahorias para la inclusión:


Aunque el marco regulatorio y la formulación de políticas públicas que promuevan la educación es clave para la inclusión, esto debe estar acompañado de incentivos diversos que disminuyan o rompan barreras de entrada. Derivado de esto es común ver descuentos, bonificaciones y demás beneficios que ofrecen bancos y medios de pago electrónicos -como Mercado Pago, Pago Mis Cuentas y demás- y la rebaja de las tasas de intercambio (que se le cobran los bancos al comerciante por el servicio y cuya reducción lleva a cabo el BCRA como política pública para la inclusión) para hacer más accesible a los comercios utilizar estos medios. Como vemos, los incentivos al consumidor son fundamentales, pero también los que se les dan a los comerciantes para que acepten estos medios de pago.


La inclusión financiera, el Estado y la economía informal


El Estado argentino tiene una enorme capacidad de volcar dinero bancarizado a la economía informal, ¿cómo? Debido a la enorme gente que, porque no quiere, o no puede ya que no sabe, la mayoría de los jubilados y demás beneficiarios de planes sociales utilizan solo efectivo, lo cual acrecienta la evasión fiscal, entre otros incentivos a evadir como la alta carga tributaria. Pero, ¿qué pasaría si el Estado capacita a estos sectores para utilizar medios de pago que no impliquen efectivo? Bueno, primero no se expondría a los jubilados a grandes colas hacinadas, pero eso parece no importarle al gobierno de turno que vino a defender a todes les jubilades licuándoles la jubilación y exponiéndolos al COVID 19. Vamos a lo que podría importarle; aumentando la inclusión financiera y medios de pagos electrónicos se alcanzaría a gravar la economía informal dando lugar a la ampliación de la base de contribuyentes, lo cual repercute en mayor recaudación y, por qué no, dar lugar a una baja de impuestos que mejorara la situación productiva del país para salir de esta crisis. Como vemos, los posibles beneficios son tanto a nivel de practicidad y salud para los ciudadanos, pero para el Estado podría -si hace las cosas debidamente- significar mayor recaudación y la disminución de aglomeraciones de gente en plena cuarentena para no colapsar el sistema de salud.


La inclusión financiera y la erradicación del efectivo en el mundo; el caso de Suecia


Suecia ha conseguido la digitalización masiva de sus sistemas de pago, alcanzando la erradicación casi total del efectivo al punto de que es legal negarse a aceptarlo en los comercios ya que acarrea costos (en tiempo, tasa de intercambio por efectivo, etc.) y riesgos (rotura, robo, inconsistencias contables), lo cual hace que los comercios prefieran y les sean más rentables las tarjetas de crédito y/o débito, cosa que en Argentina y demás países sería impensado por la alta evasión fiscal. La sociedad sueca ha llegado hasta el punto de implantarse chips debajo de la piel para simplemente pagar o abrir cerraduras con ello, incluso han desarrollado sistemas biométricos de reconocimiento facial para los pagos. Con este sistema, al ingresar al comercio en cuestión las personas se registran con su celular y cada vez que toman algo de un estante las cámaras le atribuyen el producto y se le envía la factura al mismo teléfono, sin pasar por cajeros ni utilizar ningún otro medio de pago. Mientras tanto en la Argentina una gran parte de la población ni siquiera sabe utilizar una tarjeta de débito. 

Si bien los pagos en efectivo son casi inexistentes, algunos suecos re reúsan a usar medios de pago electrónicos sosteniendo que hay ocasiones en las que ciertas personas y/o comercios no les dan confianza para utilizar tarjetas revelando así sus datos,  que temen por hackeos internacionales o se niegan a que el Estado decida por ellos qué método es mejor. Pero estos casos son casos contados.

Un punto medio: Tarjetas anónimas recargables


Una de las ventajas del dinero en efectivo no es solo la posibilidad de evasión fiscal si no también la privacidad, cosas que se anulan completamente con el uso de tarjetas de créditos y demás medios electrónicos (salvo las criptomonedas que son anónimas). Frente a esto en algunos países hay una especie de "cajeros" donde uno puede sacar una tarjeta anónima recargable. Es decir, en el cajero pones por ejemplo 100 USD y te entrega una tarjeta de crédito anónima con 95 USD (teniendo 5 USD como costo de la tarjeta). Esto es una manera de pagar con tarjetas y evitar la evasión, pero a la vez mantener la privacidad.  

Conclusiones


Estos días Argentina resaltó por exponer a los jubilados en largas colas de cajeros. Esto, le guste a quien le guste, es culpa del Estado no solo por no preverlo (aunque tampoco era muy difícil ), si no por la falta de inclusión financiera a los jubilados y demás beneficiarios de planes sociales, como también por la alta carga tributaria que aumenta la evasión fiscal, razón por la cual es tan común e insuperable el uso del efectivo y no los pagos electrónicos en la Argentina.  En estos tiempos de pandemia, donde se procura el menor contacto posible, la no aglomeración de personas y la celeridad de las transacciones comerciales, debería ser una oportunidad para que los Estados –sobre todo en Latinoamerica - promuevan urgentemente una inclusión financiera que permita no solo ahorrarse los costos sociales y de salud por la aglomeración de personas en cajeros y bancos, si no el acceso a otros servicios financieros que permitan palear mejor las crisis llegando a los sectores más relegados de la sociedad.




 
 
 

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